domingo, 20 de abril de 2008

Qué modernos somos


Hoy tenía pensado bromear un poco sobre la fiebre de ser moderno que últimamente me persigue. Iba a ser un comentario superficial y sarcástico, pero estoy tan mosqueada que voy a dejarlo para otro día, y hablar de algo un poco más serio pero que parece una broma de mal gusto.
Tiene relación también con otra especie de modernidad, una a la que se supone que todo este país en el que vivimos se había acostumbrado, pero que se ha visto que no. Lo de ser progres y vivir en el siglo XXI es sólo una fachada, porqué una cuestión tan sencilla como debería ser un Gobierno en el que hay hombres y mujeres hace que se crispe media España.

No me voy a poner en plan feminista, porqué igual que el machismo, es un extremo y no es bueno, por mucho que ciertas actitudes provoquen que a veces me den ganas de dejarme crecer los pelillos del sobaco cual hippie setentera en pro de la igualdad (espero no llegar nunca a ese extremo, qué horror!), pero es que el simple hecho de que haya más mujeres en el Gobierno ha generado que en cuestión de una semana haya oído más comentarios machistas, insultantes y absolutamente desfasados que en todo un año. Y aseguro que no hablo con demasiadas personas últimamente, ni tampoco veo mucho la tele.

Si en la anterior legislatura hubo escándalo por dejar que los homosexuales se casaran, ahora con un paso que se supone que debía ser menos crispante hacen el mismo jaleo. Me molesta sobremanera que la noticia sea que ahora tenemos un “gobierno rosa” (y no sólo por el hecho de que siempre he detestado que se nos identifique a todas con ese color, como si fuésemos todas Barbies). ¿Por qué no podemos meternos como siempre con l@s polític@s por el simple hecho de serlo?
Tendremos problemas económicos, sociales y muchos otros haya ministras o ministros, pero ahora ha quedado claro que todos aquellos y aquellas CARCAS ocultos a los que les parece tan bien para afuera que las mujeres tengamos licenciaturas, trabajos y carrera, pero que en el fondo siguen esperando que cuando seamos madres nos quedemos en casita a cuidar de la familia, son muchos más de los que creíamos. Ojalá se les haya indigestado la comida familiar al ver una mujer encinta y con taconazo cuadrando filas.

Si a alguien le apetece, dejo un escrito ajeno al respecto que me ha parecido interesante:

La baba en la pluma

Cuando fluye la baba y el periodismo se acojona la tiniebla va cubriendo el espacio vacío; un territorio abandonado que ocupan pajilleros, reprimidos, grasientos, puteros, siniestros, cobardes y acomplejados, con nombres y apellidos.

Son de ilustres burgos, ansones, losantos, pejotas, usias y alguna que otra schlichting, pero segregan ese líquido viscoso y corrompido por la comisura de sus parpados, acentuando el asco que desprende su mirada.

Tenemos que mirar sus caras, seguir con atención el recorrido; ver como avanza ese residuo pútrido que desciende por los pliegues hasta la boca, como carcome gota a gota su lengua relamida; como la inunda y luego la desborda, para proseguir su camino hasta la mano pegajosa que sostiene la pluma y derramar allí toda su miseria.

Cuando fluye toda esta baba compartida y el periodismo se acojona, estos mirones clandestinos, estos fetichistas de la mugre, se proclaman profetas con derecho de pernada, levantan púlpitos con barrocos tornavoces, apoyan sus falanges en el antepecho, despliegan su abyección más tenebrosa y corrompen el espacio compartido.

Cuando el periodismo se acojona delante de estos usurpadores del oficio, la cloaca extiende su dominio, se adueña de la plaza pública y construye allí su pasatiempo favorito: el juego delictivo del insulto, donde prevalece y se premia la discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, como pueden ser la orientación sexual, la fe o falta de ella, la ideología, la gestación, la edad, el nombre o el apellido.

Cuando el periodismo se acojona delante de estos mediocres, que confunden la baba con el intelecto, nuestra profesión pierde el futuro; los ciudadanos, su libertad, y la democracia, el sentido.

El periodismo tiene que hacer frente a la contaminación que desprenden estos exhibicionistas de la baba en la pluma, a la perversión que esconden bajo el necesario paraguas de la libertad de expresión.

Son previsibles. Se plantan delante de sus víctimas y abren con rapidez sus gabardinas, dejando ver su desnudez intelectual. Pero, son cobardes. Si les plantamos cara, mirando fijamente sus despojos orgánicos, señalando con el dedo su minusvalía y mostrando nuestro desprecio con una sonora carcajada, que al tiempo alerte al resto de la ciudadanía, salen corriendo a esconder sus complejos y sus colgajos... en el fango.

(A ellas, que sufren estos días el maltrato de quienes quieren robarnos el oficio: disculpas.)
DANIEL ANIDO/ DIRECTOR de CADENA SER 17-04-2008

sábado, 29 de marzo de 2008

LOS HÉROES QUE DEBERÍAN QUEDAR EN EL SILENCIO


Una se dedica últimamente a reflexionar sobre cosas extrañas y que no creo que solucionen nada, sobretodo porqué a veces se está un poco harta de estar siempre pringando con un montón de trabajo que parece que no le va a solucionar mucho en la vida. Es decir, ¿se valora realmente a la gente que trabaja duro, o en el fondo todo el mundo quisiera ser una de esos ricos herederos que se pasan la vida de fiesta en fiesta y de mansión en mansión?

El hecho es que a la hora de admirar a alguien, se piensa en Supermán o Indiana Jones, o del tipo ese que se dedica a escalar los edificios emblemáticos de todo el mundo, o de uno que ha dado la vuelta al mundo en un catamarán solito y del tirón. No se nos ocurre apreciar o valorar otras cosas, como por ejemplo a un médico pringado de turno que después de pasarse ocho años estudiando se dedica a investigar curas contra el cáncer dependiendo de una subvención que le pueden retirar en cualquier momento, o los seres suprahumanos que son capaces de ganar una oposición para ser juez en un año, o incluso los reporteros de “Callejeros”. Hasta esas mujeres que son capaces de ir como recién salidas de una sesión del Vogue con un presupuesto bajo y tirando del Zara.

Porque, a ver, ¿qué mérito tiene ser tan ricachón que te de igual perder un año dando la vuelta al mundo, y ser tan autista como para no querer saber de nadie en todo el trayecto? El cine también se pasa muchas veces: ¿Alguien cree que Indiana Jones es un héroe porqué tenía que recuperar el Santo Grial para salvar el mundo? Pues no!! Seguro que lo quería para subastarlo y sacar una pasta como han hecho con las fotos de Carla Bruni. Y al respecto, a mí que me perdonen, es muy guapa y canta bien, pero tiene una teta en Cuenca y la otra en Pernambuco.

Así que al final mi reflexión sobre la gente que hay que admirar acabó por deprimirme del todo. Parece que estamos influenciando a la gente a aspirar a ser como mucho unas pseudo Paris Hilton recauchutadas, o a tener que ser futbolistas sí o sí, más que a hacer cosas más provechosas para la humanidad. Y eso hace que una se pregunte hasta qué punto vale la pena el esfuerzo que se emplea en ciertas cosas, aunque también es cierto que si para dejar este esfuerzo inútil me tengo que volver una rubia falsa que viste siempre de rosa y que tiene la cara asimétrica, mejor sigo currando. De todas formas no creo que nadie subastara mis fotos en Sotheby’s…
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Sé que llevo un mes sin actualizar y que probablemente me pase otro sin hacerlo de nuevo, pero agradezco a todos aquellos que me postean y aprovecho para decir que a pesar de no comentar nada, suelo leer todos los blogs conocidos... Os dejo una canción que no puedo dejar de escuchar últimamente.

domingo, 24 de febrero de 2008

PREGUNTAS TONTAS


Una vez comenté con algunas amigas las tonterías que se dicen cuando no se sabe exactamente qué decir. A mi me encanta hablar, pero a veces las personas deberíamos aprender que es mejor quedarse calladito que soltar chorradas, le haríamos un favor a la humanidad.

Se me ocurren un millón de cosas sobre las que la gente no debería hablar mucho, pero hoy me quedo con las preguntas tontas, de ésas que te hacen tener una conversación de besugo que no viene a cuento y que no te apetece mantener, pero que no te queda otro remedio. Por ejemplo, el típico día que una sale toda mona a tomar algo y se encuentra a la última persona con la que quisiera toparse, y que te pregunta: ¿qué haces aquí?

A ver, repasemos: es sábado por la noche, tengo una copa en la mano, llevo taconazo y estoy rodeada de mis amigos, pues………… estoy aquí para aprender a hacer encaje de bolillos. Como el típico chiste de el que tiene un accidente de coche en la autopista y al parar un conductor al lado del coche volcado y preguntarle qué le ha pasado responde: estoy vaciando el cenicero.

La verdad es que a veces me gustaría tener mala leche como para contestar ciertas cosas, porqué si alguien te pregunta por teléfono qué estás haciendo, la pregunta es totalmente normal, pero si estás en el gimnasio, dejándote los pulmones en intentar recuperar el aliento tras hacer 15 míseros minutos en la bici que te han parecido la maratón dos veces seguidas, mientras la señora que te dobla la edad lleva 30 en la bici de al lado y sigue tan fresca, a la pregunta en cuestión ¿qué se supone que se ha de contestar? Pues mira, aquí en el gym haciéndome la manicura.

Qué gran respuesta es esa dada a menudo a la pregunta “¿qué haces?”: NADA

Y lo digo porqué a parte de ser una auténtica chorrada y una mentira en toda regla, pues en todo momento algo se está haciendo, como mínimo respirar, observar o pensar, (aunque esta última opción parece costarle a más de un@ que yo me sé) esa respuesta tan sencilla te saca a veces del apuro. Porqué una prefiere quedar toda digna y despreocupada diciendo “nada” que respondiendo lo que realmente le gustaría: ¿Y a ti que te importa?

Pues bien, todo esto ha venido porqué creo que soy una auténtica profesional en eso de no hacer nada, así que soy la única persona en este mundo que puede verdaderamente contestar “nada” a ese incordio de pregunta. Es cierto, tengo una capacidad sobrehumana para estar sentada en el despacho toda una tarde y para cuando creo que debo empezar a trabajar, haber pasado cuatro horas sin haberme dado cuenta. ¿Qué se supone que he hecho yo durante ese rato? Pues eso, nada. Me pregunto si pagarán por hacer eso...
Aunque nadie diga nada de la música que pongo, hoy una canción de La Habitación Roja, porque los vi en concierto y me sorprendieron muy gratamente. Me quedo con el comentario del cantante antes de esta canción : ¡Danzad malditos! (¿No le suena a nadie?)

domingo, 10 de febrero de 2008

¿Piensa mal y acertarás?


El otro día fui a la biblioteca y al llegar me dio la impresión de que la chica de enfrente, que era una total desconocida, me miraba con cara de asco. Con desprecio.
Pensé que tal vez no le gustaba como iba vestida o que creía que mi peinado era ridículo. Repasé disimuladamente mi apariencia buscando algo fuera de lugar, pensé que no debí haberme puesto aquellos zapatos, y que necesito un corte de pelo urgente.
En un momento empecé a ponerme cada vez de más mala leche pensando en qué clase de ser superior se creía ella para mirarme con tal altivez. Mil críticas absurdas hacia mi persona pasaron por mi mente intentando averiguar en cuál de ellas estaría pensando aquella chica. Y no sin repasar, a la vez, todo el árbol genealógico de la susodicha individua empezando por su madre y siguiendo hasta su pariente más lejano, llegando al neardental del que seguramente había heredado su capacidad intelectual.
Entretenida en estas elucubraciones de repente pasó por nuestro lado una pareja, cogidos de la mano, la mar de monos (de éstos que dan un poco de rabia y todo, que parecen salidos de un anuncio de bombones). Pues la chica en cuestión les dedicó la misma mirada de asco que me había regalado a mí, con lo que me alivió un poco no tener yo la exclusiva de su mirada crítica. Pero es que después, al fijarme con detenimiento, comprobé que más que altiva, aquella mirada era la normal en aquella chica, pues le dirigió esa misma expresión a cada persona que pasó por su lado.

Y entonces reparé en que había malgastado un buen rato de mi vida y de mi tiempo de estudio pensando en las cosas malas sobre mí que hubieran llevado a la chica a dedicarme aquel insulto en forma de mirada, que al final no resultó ser tal cosa.
¿Por qué será que a menudo solemos creernos lo malo que dicen o piensan de nosotros, incluso hasta cuando eso no ocurre?


"Dazed and Confused"
Para compensar lo mala que es la peli de la que he sacado la foto de hoy, una gran canción (premio para quien la escuche hasta el final). Dedicada a alguien que probablemente no va a leer el blog!

martes, 29 de enero de 2008

El don de la despreocupación


Hace años en una peli caracterizaron en Pepito Grillo la conciencia que te hace escoger las buenas acciones. Lo que no sabían los de la Disney es que en algunas personas ese bichejo acaba mutando y se convierte en un monstruito verde tocanarices que no te deja hacer nada divertido sin sentirte después culpable.

La mala conciencia, ese sentimiento que se supone que tanto bien hace por la humanidad, impidiendo que la gente se porte mal (aunque la verdad es que tampoco lo consigue) acabará un día con muchas personas, porqué he llegado a la conclusión de que no puede ser bueno darle tantas vueltas a la cabeza cada vez que se hace algo.

Sería más fácil decir lo que pensamos a la gente sin temer que les causará un trauma que les inducirá a la depresión más profunda y al alcoholismo, para acabar haciéndose miembros de una secta adoradora de Karmele Marchante recién llegada de la isla y que se acaben tiñendo el pelo de rubio pollo como ella.

O poder comerse un trozo de pastel de chocolate sin imaginarte después que la cinta métrica de los anuncios de los “Special K” saldrá de la tele para perseguirte por toda tu casa obligándote a cenar cereales el resto de tu vida.

O poder levantarse (mi preferida, sin duda) a las dos del mediodía después de una noche de juerga y no pensar que la mañana desperdiciada sin trabajar/estudiar/arreglar la casa/etc influirá en tu carrera profesional impidiéndote llegar al sueldo digno de todo mileurista que se precie, obligándote a presentarte a un concurso del tipo “tienes talento” haciendo el pino con las orejas para conseguir dinero.

Si mi hada madrina viniese a verme, le pediría el don de la despreocupación.




Dejo un vídeo de Morrissey, un cantante con una voz grandiosa, casi tanto como su ego.
"There is no such thing in life as normal"

domingo, 20 de enero de 2008

Tras un mes...



Los encierros bunkeriles no son buenos amigos de la inspiración, motivo por el cual no se me ocurría nada para actualizar. Nada y mucho, pues mi cabeza lleva días teniendo un montón de ideas desconexas, de esas que vienen y van y que no te hacen llegar a ninguna conclusión, a pesar de que te duela la cabeza de tanto pensar.


O a algunas conclusiones tontas e insustanciales, de las que por supuesto voy a hacer partícipes a los pocos que tienen el coraje de leer esto de vez en cuando:

1. Las rebajas molan el primer día. Después sólo te hacen padecer claustrofobia y provocan un inicio de sociopatía en cualquier persona medianamente normal que tenga que hacer una cola de 15 minutos para comprar una camiseta que ni siquiera te gusta pero que estaba por ¡6 Euros! y que probablemente se quede en el fondo de un cajón hasta que un día se aproveche para ir al gimnasio.

2. El chocolate va bien para la depresión. Sí, te salen granos y engorda, pero cuando se está depresiva a una le importa un rabo de cereza engordar o tener granos, así ¡que vivan las reservas de turrones, bombones y almendras LaCasa que quedan de las cestas navideñas para animarte la cuesta de Enero! Además, en el Búnker no hace sol así que que le den a la operación bikini.

3. Las monitoras de gimnasio están para hacerte sentir mal. No consigo entender porqué esta supraespecie humana sólo se lleva bien con los cachas con vigorexia y las pseudo-Evas Nasarre. Si estuviera así de cachas no iría al gimnasio, no?? Porqué señores, lo de que el deporte es adictivo díganselo a otra, lo mío es adicción por dormir una hora más en vez de madrugar para ir a correr.

Podría estar aquí horas con más conclusiones tontas, pero las dejaré para otro día. El búnker requiere sus cuidados y puestas a punto. Y creo que me queda por ahí alguna chocolatina....



(Paren el mundo, que yo me bajo)

martes, 18 de diciembre de 2007

IRONÍA


El otro día mi padre fue a comprar un regalo navideño a una relojería y al entrar, cuando la dependienta le preguntó si podía ayudarle en algo, él dijo: ¿Podrías decirme qué hora es?
Lo bueno es que la chica se miró el reloj y todo. Yo aún me estoy riendo.

Su explicación fue que le vino la idea en el momento justo y era demasiado buena como para dejarlo estar. Aunque tampoco fue nada del otro mundo, me hizo pensar en la ironía, en lo que me gusta ese toque de humor cínico en las personas. El humor negro de mi padre es una de las cosas que más me gustan de él, y todos aquellos que conozco con esa ironía me parecen interesantes.

Y tenía toda la razón. Yo suelo tener un humor muy negro, pero tengo pocas ocurrencias de este tipo. Siempre se me ocurre la frase perfecta cuando ya es demasiado tarde. Pero a veces ocurre, el momento en el que en medio de una situación un comentario irónico atraviesa tu mente, el comentario que encaja perfectamente, fruto de una inspiración que no sabes bien de dónde viene, y lo sueltas. En ese momento se podría acabar el mundo, que una está más contenta que MC Giver en una ferretería.