
Se me ocurren un millón de cosas sobre las que la gente no debería hablar mucho, pero hoy me quedo con las preguntas tontas, de ésas que te hacen tener una conversación de besugo que no viene a cuento y que no te apetece mantener, pero que no te queda otro remedio. Por ejemplo, el típico día que una sale toda mona a tomar algo y se encuentra a la última persona con la que quisiera toparse, y que te pregunta: ¿qué haces aquí?
A ver, repasemos: es sábado por la noche, tengo una copa en la mano, llevo taconazo y estoy rodeada de mis amigos, pues………… estoy aquí para aprender a hacer encaje de bolillos. Como el típico chiste de el que tiene un accidente de coche en la autopista y al parar un conductor al lado del coche volcado y preguntarle qué le ha pasado responde: estoy vaciando el cenicero.
La verdad es que a veces me gustaría tener mala leche como para contestar ciertas cosas, porqué si alguien te pregunta por teléfono qué estás haciendo, la pregunta es totalmente normal, pero si estás en el gimnasio, dejándote los pulmones en intentar recuperar el aliento tras hacer 15 míseros minutos en la bici que te han parecido la maratón dos veces seguidas, mientras la señora que te dobla la edad lleva 30 en la bici de al lado y sigue tan fresca, a la pregunta en cuestión ¿qué se supone que se ha de contestar? Pues mira, aquí en el gym haciéndome la manicura.
Qué gran respuesta es esa dada a menudo a la pregunta “¿qué haces?”: NADA
Y lo digo porqué a parte de ser una auténtica chorrada y una mentira en toda regla, pues en todo momento algo se está haciendo, como mínimo respirar, observar o pensar, (aunque esta última opción parece costarle a más de un@ que yo me sé) esa respuesta tan sencilla te saca a veces del apuro. Porqué una prefiere quedar toda digna y despreocupada diciendo “nada” que respondiendo lo que realmente le gustaría: ¿Y a ti que te importa?
Pues bien, todo esto ha venido porqué creo que soy una auténtica profesional en eso de no hacer nada, así que soy la única persona en este mundo que puede verdaderamente contestar “nada” a ese incordio de pregunta. Es cierto, tengo una capacidad sobrehumana para estar sentada en el despacho toda una tarde y para cuando creo que debo empezar a trabajar, haber pasado cuatro horas sin haberme dado cuenta. ¿Qué se supone que he hecho yo durante ese rato? Pues eso, nada. Me pregunto si pagarán por hacer eso...






Pero el motivo de esta entrada nueva es que hoy mismo he descubierto, a pesar de haber seguido siempre las noticias del grupo, quién es realmente Guille Milkyway. No es que no supiera que él solito había tenido la idea de montar un grupo virtual, que eran dibujos en un principio y que luego pasaron a ser actores que parecían sacados de una serie americana tipo "la tribu de los Brady" o algo del estilo, y que ahora parece ser que son robots que tiene programados para salir en sus videoclips. A pesar de saber todo esto, estaba convencida que ese rubito tan mono con ricitos que cantaba en los videoclips era Guille Milkyway, quien compone y está detrás de lo que se entiende por La Casa Azul, y que los demás eran los actores. ¡Pues no! resulta que tiene un aspecto totalmente diferente y que por fin sale en el nuevo videoclip, que tiene el mismo título que su nuevo álbum "La revolución sexual", en el que se marca unos bailes ataviado con un traje que no sé describir muy bien, aunque reconozco que mal no le queda.
No es que ya haya dejado de gustarme este cantante, y menos después de haber sido capaz de componer el "Amo a Laura" (tendrá siempre todo mi cariño sólo por eso), pero me resulta muy extraño asimilar que el cantante no es el otro actor al que siempre había asociado esa voz. Me ha pasado como cuando estás tan enamorada de esa voz intensa y profunda de un locutor de la radio y después descubres cómo es: casi siempre pierde toda la magia, aunque el locutor en cuestión sea de buen ver. ¿¿¿Habrá matado el vídeo(clip) a mi estrella de la radio???